Mostrando entradas con la etiqueta combustión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta combustión. Mostrar todas las entradas
jueves, 18 de octubre de 2012
Explosión-implosión y viceversa
Me siento una nebulosa reconcentrada. Antes era un sol... a ver, no es que creyera que todo giraba en torno a mí (aunque para entendernos, desde el punto de vista de uno mismo, lógicamente todo gira a nuestro alrededor, aunque bailen sin contar con nosotros), así nos convertimos de personas a soles, para que entendáis la metáfora (no me gusta explicar las cosas tontas, pero bien es sabido que nadie me comprende cuando hablo y dudo mucho que lo hagáis cuando escribo).
Soy un recuerdo de lo que fui, un calor residual en forma de gases generados después de explotar, de tanto chocar, de tanto pelear, al final tuve que hacerlo, comprometiendo la vida de los planetas circundantes.
Un fantasma desconocido. Fantasma de la estrella que fui. Estrellada. Estúpida. Negligente. Viva. Ahora residuo de colores como imanes. Y nada. Y silenciosa, vacía y extraña. No me conozco... Lo vuelvo a intentar y no me reconozco. Una nebulosa, estática y eléctricamente estática. Pero con las entrañas moviéndose, expandiéndose y a la vez implosionando. Haciendo del corazón tripas. Tampoco se me puede pedir más. Ni más ni menos. Sólo puedo pedirte, que dejes de chocar conmigo.
martes, 4 de enero de 2011
Pirámides

Debo de vivir en Egypto y no lo sabía.
Empiezo a sospecharlo por el calor que hace, el turbante que llevo liado a la cabeza y las pirámides, al menos 30 o 40 (o más según lo que se alargue la conversación). La de egocentrismo, la de la perfección, las de blister de paracetamol, pero sin duda alguna, y sin que nadie me lo diga, las más GRANDES GRANDES son las de pañuelos de mocos usados... se acumulan de forma infinita hasta hacerse impresionantes obras arquitectónicas, y sin haberlas proyectado ni nada! Ellas se erigen impertérritas hasta el infinito, por la mesa, por el suelo, por el sofá, en la mesita de noche, en la cama... alguien debería de venir a fotografiarlas (Pssshhh esto no lo consigue cualquiera!).
Con fiebre todo es mucho más divertido...
Etiquetas:
BotT,
combustión,
malica estoy y que poco me quejo
lunes, 22 de diciembre de 2008
Combustión febril
Como empieza ese fragmento de no recuerdo qué, libro, película, poesía... : "anoche pasé frío"

Mi ventana estaba cerrada y mi cuerpo estaba ardiendo, reposaba sobre la cama conocida, mi cama de siempre. Llevo un buen rato con el soniquete del sorteo de navidad tronandome. Las ventanas a cal y canto, la persiana bajada. ¿Por qué tengo tanto frío? ¿qué hora será? Tarde, seguro.
Me permití el lujo de privarme de las entradas y salidas de oxígeno proveniente del espacio exterior, al menos durante unos segundos, para que las malditas anginas dejaran de acuchillarme. Si habría de morirme sería con mi propia combustión. Así lo siento, tan caliente que podría iniciar un big-bang dentro de mi telencéfalo.
Es más, creo que ni siquiera tengo derecho a expulsar esas partículas víricas a ningún ser circundante, a mi ser circundante, mejor dejar la boca cerrada, no respirar, resignarme.
Sin embargo nunca se inicia esa combustión espontánea.
Inexplicablemente el pequeño ser que sigue vivo, aquí dentro de esta habitación en semipenumbra, me cede generosamente su oxígeno y mis pulmones lo aceptan con simétrica generosidad.
No hay combustión. No por el momento. Me vino bien el vaso de agua, al que acompañé con un ibuprofeno, un paracetamol de un gramo, o quizás fueron dos, y lo primero en antibióticos para estúpidas alérgicas. Alimento vivo, vida alimentada... Mmmmmm!!!
Aún no me atrevo a subir la persiana, ni mucho menos a abrir la ventana pero decido mirar al otro lado de la cama, de mi cama de siempre... El olor del suavizante resucita mis sentidos y mi ánimo... buenos días... susurro... creo que tengo fiebre y no me ha tocado el gordo.
Mi ventana estaba cerrada y mi cuerpo estaba ardiendo, reposaba sobre la cama conocida, mi cama de siempre. Llevo un buen rato con el soniquete del sorteo de navidad tronandome. Las ventanas a cal y canto, la persiana bajada. ¿Por qué tengo tanto frío? ¿qué hora será? Tarde, seguro.
Me permití el lujo de privarme de las entradas y salidas de oxígeno proveniente del espacio exterior, al menos durante unos segundos, para que las malditas anginas dejaran de acuchillarme. Si habría de morirme sería con mi propia combustión. Así lo siento, tan caliente que podría iniciar un big-bang dentro de mi telencéfalo.
Es más, creo que ni siquiera tengo derecho a expulsar esas partículas víricas a ningún ser circundante, a mi ser circundante, mejor dejar la boca cerrada, no respirar, resignarme.
Sin embargo nunca se inicia esa combustión espontánea.
Inexplicablemente el pequeño ser que sigue vivo, aquí dentro de esta habitación en semipenumbra, me cede generosamente su oxígeno y mis pulmones lo aceptan con simétrica generosidad.
No hay combustión. No por el momento. Me vino bien el vaso de agua, al que acompañé con un ibuprofeno, un paracetamol de un gramo, o quizás fueron dos, y lo primero en antibióticos para estúpidas alérgicas. Alimento vivo, vida alimentada... Mmmmmm!!!
Aún no me atrevo a subir la persiana, ni mucho menos a abrir la ventana pero decido mirar al otro lado de la cama, de mi cama de siempre... El olor del suavizante resucita mis sentidos y mi ánimo... buenos días... susurro... creo que tengo fiebre y no me ha tocado el gordo.
Etiquetas:
combustión,
el gorfo de navidad,
fiebre,
ibuprofeno
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
