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lunes, 4 de abril de 2016

Sin ti


A veces quiero decirte... que me siento sola, frágil en el tiempo.

Susurro cada sentimiento, escondido en mi alma… pero ahora nadie lo sabe escuchar aquí. Rozo, una palabra amortiguada por la vulnerable armadura nueva de piel y músculo que me recubre el pequeño pecho.
En un tormento de atropellos, como una mar de incuestionable inmensidad... mis olas se desprenden y mueren, no chocan con nada, parecen caer al vacío. 
Siento otra vez la sensación del angustioso miedo en el paladar. Como abandonar por segunda vez el nido.
¡No me dejes!...

Presa de tu lejanía me recorto en la distancia haciéndome a cada paso sin tí un poco más cercana a lo que seré y no quiero ser. Temo tropezar si no voy de tu mano, pero no me detengo. Camino y aunque nunca llegaré a alcanzar utopías, camino sin mirar atrás.
En el trayecto encuentro apartado un puñado de manos que no son las tuyas a las que prefiero no aferrarme, como si eso pudiese insultar tu recuerdo. Solo dejo que apenas me rocen y me animen sin detenerme demasiado.

Llegó  el momento que anula mi serenidad.
El vendaval que violentará mi  paz.
El extremo de la cuerda del que alguien tirará con rotundidad, con esa fuerza que me lanza a lo fácil... no puedo olvidar, tengo que resistir.

En ocasiones tras la tormenta apareces de nuevo. Para después volver a dejarme en mitad de ese abismo de complicación. De infiernos. De soledad. 

Ya me siento sola, sin saber, que tengo que renacer. Encajada en otra piel, con la necesidad de andar vestida con mentiras que se disfrazan de verdad. Más dura aun, aprenderé a volar.
Sé que por ser tú, no se apagará el fuego acumulado en los recuerdos. Pero ya me siento sola, frágil en el viento. Mecida por la rutina y el soplo de la vida que tenemos que vivir.

Te echo de menos... 


martes, 12 de noviembre de 2013

Infinito otoño...

Cuándo piensa de verdad llover un poco?...

...25ºC en puerta Elvira

martes, 27 de agosto de 2013

Si no me apartas la mirada... (6)



Abrazada por la cintura, apoya su mejilla contra el pecho de Andrés... -Menos mal que me has venido a buscar tío-, la observa desde detrás del flequillo despeinado, sin gesto ninguno, apenas parece notarse el "ya te lo dije" que lleva por dentro, -Toma anda... ponte el casco-.
Le sujeta la mano izquierda, arranca con la derecha -Vámonos ya nena-.

Victoria se baja la visera del casco y pega la frente contra la vieja cazadora de su mejor amigo, nunca le gusto que la viesen llorar, pero probablemente ahora no importe demasiado. No distingue bien los colores del semáforo, ni sabe exactamente por qué calle van, o hacia dónde se dirigen, en cada curva deja una lágrima que se seca con el calor de este pegajoso Agosto antes de ni siquiera llegar a tocar el asfalto. No hay pruebas de nada de lo que atraviesa su cabeza, nada quedará de lo que ha pasado, será olvidado para siempre como todo lo que en algún momento le importó demasiado a algún cobarde que nunca supo gritar lo que pensaba en realidad. Todo se irá, montado en ese avión.

Si no soy yo, la que aparto la mirada... voy a perderme mirando todo lo que no tengo ya.
Le aprieta por debajo de la chaqueta: - Andrés...-, en dos segundos, - Mmmmm... ??-, - ¿Puedes ir más rápido?-, sonríe detrás del casco y le pellizca la pierna, - Sabes que si enana, pero agárrate a mi, no te vayas a dejar caer ahora, ahora no-.

La luz de los coches de atrás les iluminan, las ve salir, lágrimas evaporándose de nuevo... no queda nada.