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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Acariciar

Yiiiies... muero de amor, o de risa, o de pena, no sé pero tengo un pellizco dentro.



Hay una vieja espeluzná fumando un puro y acariciando una BMW de hará 50 años en mitad de la calle Alcalá... Si, tal cual, acariciando, como si de una persona se tratase. Le pone ojitos, y le pasa la mano por el asiento/espalda, deja caer su pelo larguísimo y medio gris canoso de lado, como si intentase estar más sexy sólo para ella. Está hablándole como si fueran viejas amigas (o quizás algo más), y se hubiesen echado en falta durante años. Ahora tan de cerca, se señalan mutuamente los achaques, y se ríen, pero parecen no haber olvidado tiempos mejores. La moto se deja hacer... desde luego no se ha movido del sitio. Creo que ninguna se ha dado cuenta de que estoy ahí, y las miro absorta. Ahora somos un trío y me toca ser la "voyeur", qué faena!.

Es como una visión de un futuro un tanto cómica que me gustaría tener... más por la moto que por el puro.
Pero es que la visión me parece mucho más predictiva y acertada ahora que creo que la moto no es suya.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Va, viene, vuela...

Que va...
Que viene...
Que vuela...

Últimamente no paro de darle vueltas a eso del tiempo. Si pudiese haría que este año que me queda durase el doble, el triple, el cuádruple... tener más días, y los que me quedan, que no pasasen tan rápido, que fuese navidad durante meses. Todos juntos, y lo que nos rodea, disfrutarlo por mucho más tiempo, que todo se congelase, algo parecido al día de la marmota, pero en días sucesivos, distintos, nuevos... sin que tuviese porqué cambiar nada. Y otros días todo lo contrario, quiero que el tiempo vuele, que pase estando dormida y despertar en otro lugar.

Nunca se me dio bien cerrar etapas, ni de pequeña, tenía pánico a pasar al "patio de los grandes", a irme al instituto, a mudarme... siempre he tenido miedo a abandonar lo que conozco, lo que me gusta, a dejar una casa en la que sé moverme a oscuras sin tropezarme con nada. Será eso, el miedo a tropezar incluso con los ojos abiertos. Pero lo disimulo bastante bien.

Los años son como son, duran lo que tienen que durar, 365 días y algunos agraciados 366, no hay más. Pasarán cosas que si no haces ahora no podrás hacer nunca más, tomarás decisiones que condicionarán el resto de esos 365 días o muchos 365 días más... algunas de las que te arrepentirás, y otras de las que te alegrarás. No me gusta tomar decisiones, no creo que sea plato de buen gusto para nadie, pero no se puede vivir en mitad del cruce sin elegir ninguna dirección en concreto, o esperando que alguien te empuje hacia algún lado mientras te dejas llevar... pura inercia, qué comodidad.

Tengo miedo de decidir, en mi propio cruce de caminos... no sé detrás de qué puerta se esconde el vacío, detrás de cual están agazapados los leones, o cual me conduce a las 7 torturas chinas. Cada día se me antoja abrir una distinta. Solo espero que alguien quiera atravesar conmigo la puerta que finalmente decida cruzar. Y ya sé, que "mal de muchos..." ... pero un consuelo es.

Que va...
Que viene...
Que vuela...
Un año más, y tú sin enterarte.